COACHING

¿Qué cambia cuando alguien te escucha sin decirte qué hacer?

A veces no necesitamos otra respuesta, sino un espacio para pensar, ampliar perspectivas y decidir cómo queremos avanzar.

Un mismo objeto observado desde otra perspectiva.

Cuando alguien nos cuenta algo que le importa o una situación que necesita resolver, hay una reacción bastante natural: queremos ayudar.

Y muchas veces ayudar significa responder.

“Yo haría esto.”

“¿Por qué no pruebas aquello?”

“A mí me pasó algo parecido.”

“Lo que tienes que hacer es…”

Lo hacemos con buena intención. Queremos aportar nuestra experiencia, evitarle al otro un error o simplemente ayudarlo a encontrar una salida.

Y, por supuesto, hay momentos en los que un consejo puede ser exactamente lo que necesitamos.

Pero hay otros en los que quizás necesitamos algo diferente.

No necesariamente una respuesta.

Quizás necesitamos un espacio para pensar.

Escuchar sin preparar la respuesta

Escuchar parece sencillo hasta que intentamos hacerlo de verdad.

Mientras la otra persona habla, nuestra cabeza también está trabajando.

Interpretamos lo que escuchamos. Lo relacionamos con nuestra propia experiencia. Pensamos qué haríamos nosotros. Buscamos soluciones. A veces incluso estamos preparando nuestra respuesta antes de que la otra persona haya terminado de hablar.

No es falta de interés.

Muchas veces ocurre justamente porque queremos ayudar.

Pero hay una diferencia importante entre escuchar para responder y escuchar para comprender.

Cuando escuchamos para responder, una parte de nuestra atención está puesta en lo que nosotros vamos a decir.

Cuando escuchamos para comprender, intentamos permanecer un poco más de tiempo en la perspectiva del otro.

¿Qué está diciendo realmente?

¿Qué parece importante para esa persona?

¿Qué está viendo?

¿Qué puede estar suponiendo?

¿Qué todavía necesita aclarar?

Y quizás la pregunta más difícil:

¿puedo seguir escuchando aunque crea que ya sé cuál es la respuesta?

A veces pensamos diferente cuando podemos escucharnos

Hay algo interesante que puede ocurrir cuando tenemos delante a alguien que no se apresura a completar nuestras frases ni a decirnos qué deberíamos hacer.

Empezamos a escucharnos.

Decimos algo en voz alta y nos damos cuenta de que quizás no estamos tan seguros como pensábamos.

Intentamos explicar una situación y aparece una parte que no termina de encajar.

Repetimos una idea que dábamos por cierta y empezamos a verla desde otro lugar.

Aparece una contradicción.

Una pregunta que todavía no habíamos formulado.

O simplemente unos segundos de silencio.

Y esos segundos pueden ser útiles.

Estamos bastante acostumbrados a llenar los silencios. Sin embargo, a veces lo que necesitamos es tiempo para ordenar lo que estamos pensando antes de continuar.

Eso es algo que me interesa especialmente del coaching.

No se trata solamente de que alguien nos escuche.

Se trata también de qué empieza a ocurrir en nuestra manera de observar una situación cuando disponemos de un espacio para pensarla con más amplitud.

Una de las cosas que tuve que aprender como coach

Durante muchos años trabajé dentro de organizaciones, liderando personas y equipos. Naturalmente fui acumulando experiencia.

Vi problemas.

Tomé decisiones.

Me equivoqué.

Aprendí.

Y viví situaciones que después volví a encontrar, con otros nombres y en otros contextos.

Cuando uno tiene experiencia, es muy fácil querer utilizarla para ayudar.

De hecho, muchas veces puede ser útil hacerlo.

Pero una de las cosas que tuve que aprender cuando empecé a formarme como coach fue algo que al principio no siempre resulta tan sencillo:

mi experiencia puede ayudarme a comprender un contexto, pero no puede convertirse automáticamente en la respuesta del otro.

Porque aunque yo haya vivido algo parecido, no viví su situación.

No tengo exactamente sus relaciones, sus responsabilidades, sus prioridades, su contexto ni aquello que está en juego para esa persona.

Puedo tener una opinión.

Incluso puedo creer que sé lo que haría.

Pero en coaching hay una pregunta que para mí es mucho más importante:

¿qué necesita explorar esta persona?

Ese cambio parece pequeño.

Para mí no lo fue.

Escuchar no significa quedarse callado

También existe una idea equivocada sobre el coaching.

Si el coach no aconseja, entonces simplemente escucha.

Como si escuchar fuera permanecer en silencio mientras la otra persona habla.

No es así.

El coach participa activamente.

Puede preguntar. Hacer una observación. Detenerse en algo que la persona acaba de decir. Volver sobre una idea anterior. Señalar una posible contradicción. Invitar a considerar otra perspectiva.

Y también puede guardar silencio.

La diferencia está en para qué interviene.

No para llevar a la persona hacia la respuesta que el coach considera correcta.

Sino para acompañarla a observar con mayor claridad la situación que ha decidido explorar.

Eso exige algo que no siempre es fácil: resistir la tentación de demostrar que sabemos.

A veces una buena pregunta aporta mucho más que una excelente respuesta.

No todos los espacios necesitan lo mismo

Hay momentos para pedir consejo.

Momentos para buscar a alguien con experiencia.

Momentos para consultar a un especialista.

Momentos para aprender de un mentor.

Y momentos en los que quizás necesitamos otra cosa.

Un espacio para ordenar una situación.

Para revisar qué estamos dando por cierto.

Para distinguir qué sabemos y qué estamos suponiendo.

Para considerar perspectivas diferentes.

Para pensar alternativas.

Para decidir cómo queremos avanzar.

Ese es el territorio que me interesa del coaching.

El foco está en aquello que la persona quiere explorar y en cómo quiere avanzar frente a una situación concreta.

Pensar acompañado puede ayudarnos a observar una situación desde perspectivas que hasta ese momento no habíamos considerado.

La decisión sigue siendo tuya

Hay algo que para mí es fundamental.

Al final, la situación sigue siendo de la persona que tengo delante.

La decisión también.

Puede decidir avanzar.

Esperar.

Cambiar de dirección.

Tener una conversación.

No tenerla todavía.

Probar una alternativa.

O decidir que necesita seguir pensando.

El valor del coaching no está en que la persona termine haciendo lo que yo habría hecho.

Está en que pueda salir con mayor conciencia sobre la situación que está explorando, las posibilidades que reconoce y cómo quiere responder.

Por eso la confidencialidad también importa tanto.

La confidencialidad permite explorar una situación, considerar perspectivas diferentes y pensar opciones con mayor libertad.

Y cuando el coaching ocurre dentro de una organización, esa confidencialidad necesita estar acompañada por acuerdos claros sobre qué pertenece al espacio del coachee y qué información, si corresponde, puede compartirse con quien patrocina el proceso.

Para mí, esa claridad no es un detalle administrativo.

Es parte de las condiciones que hacen posible el coaching.

Quizás no necesitas otra respuesta

Estamos rodeados de respuestas.

Podemos preguntarle a un colega, buscar información, leer un libro, consultar a un experto o acceder en segundos a distintas alternativas sobre qué podríamos hacer.

Todo eso tiene valor.

Pero tener más respuestas disponibles no siempre significa tener más claridad sobre cuál tiene sentido para nosotros en una situación determinada.

A veces necesitamos algo menos inmediato.

Una pregunta que nos haga detenernos.

Alguien que escuche sin apropiarse del problema.

Un espacio donde podamos ordenar lo que estamos viendo y considerar otras perspectivas.

Y tiempo para pensar.

Quizás ahí esté una de las cosas que más valoro del coaching.

No encontrar a alguien que tenga la respuesta que nos falta.

Sino disponer de un espacio donde podamos explorar con mayor claridad aquello sobre lo que necesitamos decidir.

Y entonces la pregunta podría ser:

¿Qué podrías descubrir si tuvieras un espacio para pensar sin que alguien se apresurara a darte la respuesta?

Otros Insights

EQUIPOS

Recorridos que revelan un patrón recurrente.

A veces resolvemos lo que ocurrió, pero no alcanzamos a ver la dinámica que puede estar haciendo que vuelva a ocurrir.

TEMPLE

Un recorrido que se abre a distintas alternativas.

Aquello que nos trajo hasta aquí puede seguir siendo valioso. El desafío aparece cuando se convierte en nuestra única manera de responder.